sábado, 20 de mayo de 2017

Poema LVII

ARS SUBTILIOR







Hurtándoselo al tiempo y a la historia
el triple dulce son del instrumento
prosigue su artificio.
Las tres voces concertadas
con fluidez se funden
en difícil contrapunto,
ágilmente construyendo
la recurrente o progresiva
geométrica estructura, calculada.

Sin poder sustraerme
a las señas indudables de su siglo
que la música comporta,
sin esfuerzo, casi sin proponérmelo,
traigo a la memoria
el recuerdo —imagen difusa—
de aquellos días y aquellos versos...
Pienso en Dante y Beatriz
y en la Laura perenne de Petrarca.

El sonido me transporta
como a pájaro en el aire
mientras me adentro en la atmósfera y el aroma,
la etérea tibia luz,
paraíso intemporal
no exento de dolor
—dulce sufrir—
que sólo un hombre
pueril e irremisiblemente
enamorado
puede hallar entre las páginas
singulares de La Vita
Nuova
y, antes aun,
del Canzoniere.



22 de Febrero de 2001


  1. NOTA: Este poema, de algún modo, recrea la experiencia vivida durante un concierto del Trío Subtilior, conjunto de flautas de pico especializado en la difusión de un peculiar estilo musical vigente a finales del siglo XIV, durante la Edad Media. Dicho estilo, denominado Ars subtilior, se caracteriza por su complejidad compositiva y por la dificultad que entraña su interpretación. Casualmente, en aquellos momentos tenía aún muy viva, por su proximidad en el tiempo, la lectura de las dos obras capitales de la literatura mencionadas, cuyos autores vieron la luz —sobre todo Petrarca— más o menos por la misma época en que fue compuesta la música del concierto; de ahí que la cita surgiera espontáneamente.